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Alaba a Dios sin importar las circunstancias

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Cierto día me levanté muy apurado para ir al trabajo, en ese entonces laboraba en un medio de comunicación tradicional, al tomar el bus camino a la institución me encontré con un viejo amigo que según me contó andaba en una situación muy lamentable económicamente.

Había perdido su trabajo hace casi un año, su esposa lo había abandonado por esta situación llevándose a sus hijos, no los había visto desde hace seis meses. Él vivía donde uno de sus hermanos, o mejor dicho “se arrimaba”, palabras de su propia boca; en esa ocasión iba camino a una cita de trabajo precisamente, de las tantas que había tenido, sin embargo su entusiasmo estaba por los suelos.

No crucé palabra durante su conversación, era casi hora de bajarme del autobús y no hallaba el momento para interrumpirlo y ofrecerle al menos un par de palabras de ánimo, el seguía lamentándose sin parar. No veía el momento para decirle que tenga un poco más de confianza en las cosas, en las circunstancias y por su puesto y sobre todo, en Dios.
Tuve que despedirme sin apenas expresarle algo de aliento, porque no podía llegar tarde al trabajo, pues los jefes eran muy estrictos. Solo me compartió su número telefónico, con el famoso “llamarás”.

Ya cerca de mi sitio de actividades cotidianas, me detuve a pensar seriamente en la situación de aquel amigo y sobre todo, por qué no le dije que Dios tiene todo bajo control, que no se preocupara tanto a pesar de las circunstancias adversas. Inmediatamente tomé mi teléfono y lo llamé, pero no tenía saldo, así que me acerqué a una tienda de ropa y pedí prestado el aparato telefónico, entonces lo llamé y le dije que antes de llegar a su cita quería hablarle de algo muy importante, respondió que no había problema pero que me apresure para encontrarnos, entonces tomé un taxi.

Teníamos 10 minutos antes de que ingrese a su cita de trabajo, aproveché el tiempo y le hablé sobre la posibilidad real de confiar en alguien que no nos va a defraudar, él me dijo que siempre había creído en ese ser supremo, pero que lo había abandonado hace mucho tiempo. Le contesté que en muchas ocasiones quienes lo abandonados somos nosotros y no Él.

Una de las cosas que debemos hacer con mayor insistencia es alabar, alabarlo sin cesar, pese a todos los escenarios fúnebres que experimentemos, pese a todas las vicisitudes que estemos viviendo, peso a todas las circunstancias negativas que estemos atravesando, eso nos da la fortaleza necesaria para continuar, aunque parezca mentira, pues cada persona sabrá por todo lo que está pasando en estos momentos, tenga o no dinero, siempre hay problemas, no obstante la alabanza reconforta, calma y finalmente se recibirá algo mejor de lo que creemos que nos había negado nuestro Dios.

Salmo 66:1-4

Alabanza por los hechos poderosos de Dios

Al músico principal. Cántico. Salmo.

1 Aclamad a Dios con alegría, toda la tierra.
2 Cantad la gloria de su nombre;
Poned gloria en su alabanza.
3 Decid a Dios: ¡Cuán asombrosas son tus obras!
Por la grandeza de tu poder se someterán a ti tus enemigos.
4 Toda la tierra te adorará,
Y cantará a ti;
Cantarán a tu nombre.

Luego de estas palabras mi amigo tuvo un gesto de tranquilidad y entró más confiado a su entrevista.

De retorno a mi trabajo, ya no tomé un taxi porque no me alcanzaba el dinero, así que ingresé en un bus de transporte público que para variar estaba repleto de personas, pude acomodarme por ahí, pero antes de bajarme sentí una mano misteriosa en uno de mis bolsillos, cuando baje por el apuro me di cuenta que mi teléfono había sido sustraído.

Empecé a sentir una rabia porque recordé la buena acción que hice, al menos eso creí, y sin embargo me sucede esto, me decía a mi mismo. Para colmo, ya que llegué atrasado me impusieron una multa y no conformes me pidieron que me quede más tarde de mi hora de salida, para supuestamente compensar ese tiempo, como si mi trabajo no sirviera.

Estuve tan molesto por unas horas, pero recordé las mismas palabras de aliento para mi amigo, alabar pese a todas las circunstancias, así que me calmé y continué con mi vida como si nada. Esa misma noche pude acceder a un teléfono de mejores características del que tenía y supe que a mi amigo le habían aceptado en su nuevo trabajo.

Después de un tiempo me enteré que este amigo se había propuesto asistir a una Iglesia de Sana Doctrina y conocer más de Dios, agradecerle por lo que hizo en su vida. Aunque ciertas cosas no cambiaron, su voluntad y su convicción por Nuestro Padre, sí.

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