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Conforme crece la Fe los temores se van

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La señora Coloma tenía un defecto visual desde muy pequeña, nació con esta deficiencia y conforme pasaba el tiempo su enfermedad se agravó. A los 18 años ya no podía ver y se entristecía demasiado por su condición, porque recordaba los paisajes hermosos que había observado hasta cuando pudo.

Y empezó a tener miedo de las cosas, de las personas, de lo que le rodeaba, de sus estudios, de quienes la querían. Papá y mamá trataban de consolarla a diario, pero al parecer todo era en vano. Dejó sus estudios, no se recibió ni siquiera de bachiller y no tenía ganas de continuar, porque creía que era una carga para todos.

Era hija única y eso también la hacía sentir mucho miedo, miedo a que sus padres la dejaran en algún centro de cuidados o peor aún, miedo a que les suceda alguna tragedia y se quedara sola, sin la compañía más que de su tristeza.

En este trajín pasaron algunos años, hasta que un día decidió salir sin previo aviso y se dirigió a tientas hacia algún sitio donde pueda descargar toda su ira, había pensado en lo peor. Como no podía conseguir su objetivo, decidió pedir ayuda a alguna persona que pase por su camino. Un caballero bien vestido se acercó y le preguntó si podía socorrerla, ella accedió indicándole que quería encontrar un acantilado, entonces el hombre se asustó un poco, pero pronto ella se dio cuenta y le persuadió diciéndole que solo deseaba percibir los olores de la mañana.

Cuando habían llegado ella le pidió que se alejara, él un poco inquieto y “aprovechando” de su condición de no vidente solo dio unos cuantos pasos lejos de la humanidad de Raquel y guardó silencio, escuchando sus gemidos y sus lamentaciones, cuando de pronto observó que se acercaba peligrosamente a la grieta e intuyó que tomaría una decisión fatal, por lo que raudo partió a detenerla.

Luego de una discusión él intentó calmarla y al parecer consiguió su objetivo. Ya menos tensa preguntó al hombre, porqué la había salvado si era una mujer que no tenía ningún futuro. Él respondió fríamente: “yo tampoco lo tengo”… “solo me aferro al recuerdo de mi madre que murió por accidente en este mismo lugar”.

Cuando volvieron a casa, sus padres que la estaban buscando de manera desesperada se enteraron de todo y buscaron ayuda, primero con especialistas psicólogos, y una serie de profesionales, pero los resultados no fueron los esperados.

Finalmente encontraron la ayuda idónea en una pequeña Biblia que siempre estuvo cerca del comedor, pero que nadie se atrevía a leerla, también por temor.

Los padres de Raquel comenzaron a leerla en voz alta, ella solo se limitaba a escuchar. Conforme pasaban los días notaron un cambio de ánimo en ella, sus ansias desaparecían poco a poco, sus miedos infundados empezaron a quedar atrás. La Fe en la Palabra de Dios se acrecentaba día a día y decidió compartirla con aquel hombre que le había salvado la vida.

Marcos 11:22-24

22 Respondiendo Jesús, les dijo: Tened fe en Dios.
23 Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho.
24 Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá.

Jacinto, no podía creer el cambio de actitud de Raquel, recordó que cuando la vio por primera vez había un rostro frío y pálido, pero ahora irradiaba alegría y amor, pese a que sus ojos no volverían a ver jamás la luz del sol, pero ahora Raquel sabía que la Luz Eterna sí la vería algún momento.

Conforme crece la Fe los temores se van

Como siempre suele suceder, Jacinto se mostraba reacio con los primeros razonamientos bíblicos que le compartía Raquel, sin embargo la Palabra es muy poderosa y finalmente abrió los ojos al entendimiento y mostró un apego por conocer más.

Fue entonces que los dos decidieron unir sus vidas, conforme a la voluntad de Dios y mientras más pasaban los años, los temores se extinguieron por la Fe. Ahora con dos hijos a cuestas los temores ya no están y la Fe transmitida a sus vástagos ha servido para que estos jóvenes tengan una templanza inquebrantable para sus actividades, una firmeza en su convicción cristiana y una alegría inmensa al leer la Palabra de Dios.

El único temor que tiene toda la familia, es el temor a desobedecer a Dios, que es muy diferente a los miedos habituales.

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