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No es lo mismo saber de Dios que conocer a Dios

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Todo el mundo ha oído de Dios, sea por coincidencia, sea porque ha asistido a una iglesia alguna vez en su vida, sea por haber leído por ahí en algún libro o en internet, sea por algún motivo, razón o circunstancia.

Quienes son creyentes por religión también han oído de Dios, cuando asisten a algún templo los domingos por rutina, o cuando en alguna conversación de familiares o amigos se empieza a conversar de Dios, que por cierto alguno de los contertulios lo termina inmediatamente; o, quizá por alguna información que le interesó medianamente.

Lo cierto es que todos sabemos de la existencia de Dios, claro que algunos la niegan o están obstinados en no creer, pero todos de alguna manera hemos oído hablar de Dios o de Jesús.

Sin embargo hay una gran diferencia porque

No es lo mismo saber de Dios que conocer a Dios

El conocer a Dios implica en primer lugar deshacerte de la religión, OJO, no te digo que te cambies de religión, sino que priorices el conocimiento de Dios, no de tu religión. Dentro de la religión estás atado a doctrinas de hombres, a costumbres de hombres, a tradiciones de hombres, a rituales, a fiestas y en fin, una serie de cosas que conforman la religión y que confunden a los creyentes.

Existe una religión donde te hablan muy poco de Dios, en cambio te llenan la cabeza de “figuras”, “santos”, “vírgenes”, “rosarios”, “ritos”, “costumbres”, en fin, celebraciones donde priorizan cosas o personas, dejando a Dios en segundo plano, en relación al conocimiento pleno de Su Palabra. Te incentivan a que aclames a una persona que se dice llamar el “Representante de Cristo en la Tierra” y no a Dios, te incentivan a que estés pendiente de la canonización de alguna persona de carne y hueso, y lo peor de todo es que la gran mayoría de medios de comunicación masivos, siguiendo una costumbre religiosa, lo difunde a través de notas periodísticas, en cada noticiero y hasta promocionales hacen. Increíble ¿verdad?

Hay otras religiones que priorizan lo que sus fundadores han recibido supuestamente de Dios, “que han recibido nuevas profecías” dicen, “que el infierno no existe o que Jesús no es Dios”, sostienen, “que tal persona es el último de los profetas”, manifiestan; dejando siempre en segundo plano al Creador.

En cambio cuando priorizas el conocimiento de Dios, le das el primer lugar a Él y al conocerlo verdaderamente empiezas a tener una relación con Él.

Cuando empiezas a conocer a Dios, comienzas a quitarte la venda de los ojos y dejar de hacer cosas que antes hacías y que nada tenían y tienen que ver con lo que verdaderamente te pide Dios.

Al conocer a Dios, inicias una nueva etapa en tu vida, una etapa llena de satisfacciones, de alegría, de saber con certeza que la vida eterna es un hecho y dejas de dudar, como sucede cuando estás dentro de la religión.

Conozco a mucha gente que aún teniendo una religión empezó a dudar y a cuestionar la existencia de Dios, incluso han terminado suicidándose por algún problema o situación en su vida, suena extremista, pero es la verdad.

Al conocer verdaderamente a Dios, tienes la oportunidad de crecer espiritualmente de una manera correcta y vivificante, porque empiezas a comprender el verdadero significado de la vida, te alejas de lo que no te edifica, de lo que creías que era una cosa normal y que con pedir perdón a un hombre vestido de negro (en el mejor de los casos) era suficiente, como por ejemplo el emborracharte todos los viernes, creyendo que no le haces daño a nadie, pero no sabes que el daño te lo haces tu mismo y no solo por el licor, sino porque eso no le agrada a Dios.

¿Cómo conocer a Dios verdaderamente?

Confirmamos que a través de una religión jamás conocerás a Dios, la única manera de conocer a Dios verdaderamente es leyendo su Palabra, sí, leyendo la Biblia, pero también asistiendo a una iglesia de Sana Doctrina, donde enaltezcan a Dios, donde respeten su palabra, donde no tergiversen su Palabra, donde todas las actividades se centren en Nuestro Creador, donde no prioricen ceremonias o rituales, ni shows, sino únicamente el conocimiento verdadero de Dios.

Ahora ya sabes la diferencia entre saber de Dios y conocer a Dios.

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