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¿Qué pasa cuando papá no está?

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Dos niñas de cuatro y tres años respectivamente, vivían muy felices junto a su papá y mamá, sin embargo un día cambió la historia por completo de manera repentina; papá tuvo un accidente en el que perdió la vida, todos quedaron destrozados anímicamente.

Mamá tuvo que acudir a un psicólogo para tratar de salir del trauma que supuso esta tragedia, sus hijas no podían creer la situación en la cual se encontraban, aún pensaban que papá solo se alejó por un tiempo y que algún día volvería.

Estas niñas crecieron sin su padre y en cada actividad que les tocaba vivir pasaban por varias dificultades.

Cuando los padres de sus compañeros o compañeras los iban a recoger luego de clases, se sentían muy tristes al ver que solo su mamá estaba allí para llevarlas a casa, aunque trataba de consolarlas, no entendían la situación y sus lágrimas se escapaban.

Algunos de sus amigos de la escuela en ocasiones se burlaban al ver que no tenían papá y renegaban por ello. En varios eventos escolares casi todos los niños estaban acompañados de mamá y papá, pero Carla y Doria tenían muy pocos ánimos de compartir y disfrutar esos días, aunque mamá trataba de hacer lo que sea por verlas al menos un poco contentas.

Ya en el colegio las hermanas ya no conservaban la tristeza anterior, sin embargo su dureza de corazón fue aumentando y no tenían ganas de compartir las acciones propias de los jóvenes de ese entonces. Los momentos que sus compañeras y compañeros vivían para ellas era un simple pasatiempo, no había consuelo.

Transcurrieron sus vidas rutinarias y sin sentido, creían que su padre era todo para ellas y cuando lo perdieron, perdieron también su alegría y su ánimo de vivir. Su madre compensaba ciertos momentos importantes, no la reprochaban por su puesto, pero siempre les faltaba algo.

Cada vez que se acercaba el día del padre, Doria y Carla, preferían no hablar del tema, ya que en el caso de su madre, también había perdido a su papá cuando tenía 14 años, es decir el dolor fue mucho más intenso, estaba prácticamente viviendo una vez más este sufrimiento con el fallecimiento de su esposo.

Las tres hacían caso omiso a esta fecha, que sin duda era especial para los demás, pero no para ellas y otras personas que tenían o tienen un caso similar.

Carla y Doria entraron en la universidad, allí Doria conoció a un profesor que a pesar de que impartía la materia de Sociales, donde se adentraban en temas evolucionistas, era muy creyente de Dios. Este docente la observaba cada día y veía en su rostro tristeza, aunque era buena alumna algo la distanciaba de los demás y de su propia vida.

El profesor la invitó para que conversaran en su oficina, le dijo que era sobre un tema estrictamente académico; en un principio Doria tuvo dudas sobre esta invitación, porque creía que estaba interesado en algo más, suele suceder, sin embargo la charla tuvo otros matices y sin ninguna mala intención le brindó confianza para finalmente hacer que Doria le contara lo que estaba ocurriendo en su vida, fue entonces que comprendió su tristeza y la de su hermana.

Tras esta conversación surgió el tema de Dios, no obstante hubo poca aceptación por parte de Doria para hablar de aquello, pero el profesor insistió aunque no con mucho éxito. La chica tuvo una reacción poco amable y se fue.

El catedrático volvió a solicitar una reunión con Doria, pero no tuvo acogida y se acercó a su hermana quien le dio una respuesta positiva, sin embargo se recreó una situación similar y no tuvieron recepción sus palabras acerca del mensaje de Jesús.

Carla y Doria conversaron más tarde sobre lo sucedido con el instructor y se dieron cuenta de que había hablado con las dos, por lo que decidieron contarle a su mamá, quien sin esperar mucho tiempo se acercó al profesor para aclarar el asunto.

Cuando la madre acudió a su despacho conjuntamente con sus hijas, lejos de finiquitar lo sucedido y con la idea de demandarlo por hablar de Dios en un sitio educativo, aconteció algo inesperado. La mamá de las chicas empezó a escuchar el mensaje de Jesús y no quería parar pese a la insistencia de Carla y Doria que le persuadían para que terminaran “de una buena vez” con el tema.

El docente argumentaba que lo que decía era real y que no podían huir más del problema y encontrar la calma en Dios, la mamá de Carla, si bien es cierto no terminaba de convencerse, no era menos cierto que la Palabra de Jesús estaba llenando su vacío y le dio la oportunidad al profesor para que le hable del Creador en otras ocasiones.

Una vez en casa, Doria y Carla, seguían increpando a mamá por su decisión, pero ella claramente había sido tocada por Dios y no quería perderse la profundización del tema.

Pasaron algunos meses y finalmente sucedió el milagro, mamá había aceptado a Jesús como su Salvador, ahora le tocaba inducir a sus hijas para que puedan ser transformarlas.

Fue luego de tres años que Carla y Doria, afortunadamente y luego de tanta insistencia de su madre, aceptaron conocer de Dios, aceptarlo como su Salvador y confiar en Él para todas las cosas de la vida.

Así, llegaron a comprender que a pesar de no tener un padre terrenal, Jesús puede suplir ese dolor, esa pérdida, ellas lo experimentaron y ahora no pueden evitarlo, su felicidad es cada vez mayor, su calma va creciendo; ahora tienen una razón de vivir.

Hoy, cada vez que llega el día del padre y en general todos los días, las cosas son diferentes, su vida cobró sentido y ya no tienen más tristezas, esto no significa que los problemas hayan desaparecido, al contrario los inconvenientes pueden ser mayores, no obstante la diferencia es abismal entre quienes confían en Dios y quiénes no.

Recuerda la importancia de honrar a tu padre y tu madre, pero si tienes una situación similar a la de Carla y Doria, no te amargues, confía en Dios, porque Él, es el mejor padre del mundo.

Salmos 27:10

10 Aunque mi padre y mi madre me dejaran, con todo, Jehová me recogerá.

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