Inicio Reflexiones ¿Sabes cuál es el arma más destructiva del ser humano?

¿Sabes cuál es el arma más destructiva del ser humano?

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Una pareja de recién casados, luego de disfrutar de su luna de miel y de los días de vacación que solicitaron para dedicarse a consolidar su matrimonio, se dispuso a continuar con su rutina, cada uno retomando sus actividades en sus respectivos trabajos, pero con la certeza de seguir viviendo la felicidad que hasta el momento lo habían encontrado en su relación.

Pasaron dos años desde la fecha en que decidieron unirse, y como todo en la vida, las dificultades no faltan y los problemas aparecen, pero como es lógico son gajes del oficio, son situaciones que todos de una u otra manera los experimentamos y que no por ello vamos a tirar todo por la borda.

Estos pequeños problemas hacían que Alberto empiece a estar un poco como alejado de Melissa, pero su amor por ella siempre estaba a la orden del día. No obstante en uno de esos días Melissa cometió el grave error de contárselo a una de sus compañeras de trabajo que creía era su amiga fiel. Con el pasar de los días esta mujer le empezó a insinuar a Melissa que su esposo estaría saliendo con otra y por ello se encontraba un tanto alejado. “Es típico en ellos”, le decía, “cuando empiezan a alejarse es porque tienen otra”.

Melissa en un principio no quería escuchar las palabras de su “amiga”, sin embargo la insistencia fue tal que comenzó a hacerle algunas preguntas incómodas a su marido, las cuales fueron contestadas con asombro y hasta con enojo.

El tiempo seguía su marcha y la situación de la pareja tendía a agravarse, las finanzas, el no entenderse en ciertos casos y cosas, fueron agregándose al contexto tambaleante del matrimonio. Un día decidieron dialogar con calma y consiguieron mejorar su relación, pero la duda que había metido en la cabeza de Melissa su “amiga” fue mucho más.

Luego de unos meses volvieron las preguntas incómodas, el esposo no sentía ganas de continuar las conversaciones de este tipo y decidió poner un alto a la situación.

“No tengo ninguna otra mujer en mi vida más que tú y no quiero volver a hablar de ello”, sentenció. Días más tarde las dudas continuaban en la cabeza de Melissa, entonces Alberto manifestó su deseo de poner fin a la relación, cosa que lamentablemente sucedió.

Unos días más tarde Melissa se enteró definitivamente que Alberto jamás la traicionó con ninguna otra mujer y que su actuación fue la estupidez más grande que pudo haber cometido y todo por hacer caso a simples comentarios ajenos.


Una mujer brindaba sus servicios en una compañía, era muy eficiente a tal punto que el jefe decidió ascenderla a un cargo de mayor responsabilidad, pero lamentablemente también de mayor generación de comentarios, pues tenía que estar la mayor parte del tiempo en la oficina de su superior cumpliendo varias diligencias.

En ocasiones su jefe estaba dentro de la oficina, pero por varias horas cumplía agenda fuera de la empresa.

Y los comentarios inoportunos no se hicieron esperar. Por ahí se escuchaba decir que “la secretaria particular del jefe” era algo más. Que “hemos vistos al jefe más cambiado”. Que la chica “ha mejorado su vestuario”. Que se los vio “juntos en una cafetería”. Que cuando se entere su mujer “la que se va a armar”; y muchas otras boberías típicas de gente que no puede vivir en paz.

El ambiente de esta empresa comenzó a deteriorarse por las opiniones infundadas que se vertían. Los comentarios venenosos llegaron efectivamente a oídos de su esposa que sin dar tregua los creyó más que a su esposo. Finalmente hizo que despidieran a la chica y luego de un tiempo se separó de su marido.


¿Te suena familiar este tipo de cosas? Podríamos citar muchos casos como este, que no solo suceden a este nivel, sino también a nivel familiar, de vecindad, de compañeros, de amigos y en fin, la lista es larga.

Pero ¿ya adivinaste cuál es el arma más destructiva del ser humano? Pues efectivamente: la lengua.

La lengua tiene la capacidad de destruir cosas, proyectos, familias, sociedad, naciones, si no la sabes controlar y utilizar.

¿Estás dispuesto o dispuesta a destruir o a construir?. Tú decides si de tu lengua sale Bendición o maldición.

Nuestra misión como verdaderos cristianos es tener la sabiduría necesaria para saber hablar lo necesario y en el momento indicado, para ser prudentes a toda hora, para no comentar demás y luego arrepentirnos, porque puede ser demasiado tarde. Y por supuesto, nuestra misión también es orar por todas estas personas que están actuando de manera equivocada para que recapaciten, busquen de Dios, le pidan sabiduría y actúen siempre para edificar.

Santiago 3: 7-11

7 El ser humano sabe domar y, en efecto, ha domado toda clase de fieras, de aves, de reptiles y de bestias marinas;

8 pero nadie puede domar la lengua. Es un mal irrefrenable, lleno de veneno mortal.

9 Con la lengua bendecimos a nuestro Señor y Padre, y con ella maldecimos a las personas, creadas a imagen de Dios.

10 De una misma boca salen bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así.

11 ¿Puede acaso brotar de una misma fuente agua dulce y agua salada?

12 Hermanos míos, ¿acaso puede dar aceitunas una higuera o higos una vid? Pues tampoco una fuente de agua salada puede dar agua dulce.

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