Jesús

Las 7 mentiras de la navidad Los tres reyes magos

Quién no ha escuchado la famosa historia de los tres reyes magos, especialmente en esta época de Navidad, donde fluye el «espíritu navideño».

No obstante hay una verdad que pocos conocen, y no los saben porque muy pocos medios lo difunden. Incluso en los «grandes medios» se atreven a publicar tradiciones sin fundamente donde claramente no existe una investigación seria al respecto.

La Verdad Detrás de Melchor, Gaspar y Baltazar

Melchor, Gaspar y Baltazar. Tres nombres que todos conocemos. Tres reyes que cabalgaron en camellos siguiendo una estrella. Tres sabios que llegaron al pesebre con oro, incienso y mirra. ¿Verdad?

Pues déjame decirte algo que probablemente te sorprenderá: casi todo lo que acabas de leer es falso.

Cada 6 de enero, millones de familias celebran el «Día de los Reyes Magos». Los niños dejan sus zapatos esperando regalos. Las panaderías venden roscas especiales.

Las iglesias recrean la escena de estos misteriosos visitantes del oriente. Pero, ¿alguna vez te has detenido a preguntarte de dónde sale toda esta historia?

Hoy vamos a desenmascarar una de las 7 mentiras de la Navidad más arraigadas en nuestra cultura: la historia de los tres reyes magos.

Y te advierto desde ahora: lo que descubrirás probablemente cambiará para siempre la forma en que ves esta tradición.

¿Qué Dice Realmente la Biblia Sobre los Magos de Oriente?

Antes de hablar de tradiciones, vayamos directo a la fuente. El único lugar en toda la Biblia donde se mencionan estos visitantes es en Mateo 2:1-12. Ese es el único relato. No aparecen en Lucas, ni en Marcos, ni en Juan. Solo en Mateo.

Abramos la Biblia y leamos con atención:

«Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos, diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle.»

¿Notaste algo? Dice «unos magos». No dice «tres magos». Mucho menos dice «tres reyes magos llamados Melchor, Gaspar y Baltazar».

Sigamos leyendo el pasaje completo. En ninguna parte encontrarás:

  • Los nombres de estos visitantes
  • Que fueran exactamente tres personas
  • No menciona que sean reyes
  • No llegan a ningún pesebre
  • Y no están presentes en el nacimiento

Todo eso, absolutamente todo, es tradición añadida. Son parte de las 7 mentiras de la Navidad que hemos aceptado sin cuestionar.

Primera Gran Mentira: Se Llamaban Melchor, Gaspar y Baltazar

Pregúntale a cualquier persona en la calle cómo se llamaban los reyes magos y te responderá sin dudar: Melchor, Gaspar y Baltazar.

Incluso muchos cristianos evangélicos que dicen conocer la Biblia repiten estos nombres con total confianza.

Pero aquí está el problema: estos nombres no aparecen en ninguna parte de la Biblia.

Lee Mateo 2:1-12 completo. Búscalo ahora mismo si tienes una Biblia a mano. ¿Los encontraste? No, ¿verdad? Porque no están. Lee la Biblia Católica si quieres, tampoco encontrarás.

Entonces, ¿de dónde salieron estos nombres? De la tradición eclesiástica medieval, siglos después de los eventos narrados en los evangelios.

Alguien se inventó estos nombres, y como sonaban exóticos y espirituales, la gente los adoptó sin verificar si tenían fundamento bíblico.

Es frustrante ver cómo generación tras generación repetimos información falsa, enseñándola a nuestros hijos como si fuera verdad sagrada.

Cuando les decimos a los niños que los «reyes magos» se llamaban Melchor, Gaspar y Baltazar, les estamos mintiendo. Punto.

Segunda Gran Mentira: Eran Tres Personas

«Pero amigo», dirás tú, «si trajeron tres regalos —oro, incienso y mirra— obviamente eran tres personas, ¿no?»

No. Esa es una deducción lógica pero incorrecta.

Sí, es cierto que se mencionan tres tipos de regalos específicos. Pero eso no significa que solo tres personas los trajeran.

Podrían haber sido cinco personas, diez, veinte… o como veremos en un momento, ¡cientos!

Mira lo que dice Mateo 2:11:

«Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra.»

¿Notaste el plural? «Abriendo sus tesoros«. No trajeron tres cofrecitos pequeños como vemos en las estatuas de los nacimientos. Trajeron tesoros. Un cargamento de riquezas.

La Profecía de Isaías: Una Multitud de Camellos

Aquí viene la parte que te dejará sin palabras. Hay una profecía en el Antiguo Testamento sobre estos visitantes. Isaías 60:6 dice:

«Multitud de camellos te cubrirá; dromedarios de Madián y de Efa; vendrán todos los de Sabá; traerán oro e incienso, y publicarán alabanzas de Jehová.»

¿Leíste bien? Multitud de camellos. No tres camellos. Una multitud.

Las 7 mentiras de la Navidad y especialmente este de los «reyes magos», nos han hecho imaginar una escena íntima y pequeña: tres hombres en tres camellos llegando tranquilamente al pesebre.

Pero la realidad bíblica es completamente diferente: era una caravana masiva, una procesión impresionante que cruzó el desierto.

¿Por Qué Era Imposible Que Fueran Solo Tres?

Pensemos por un momento. Estos hombres venían «del oriente» con un cargamento de tesoros y riquezas. Tenían que atravesar el desierto.

El Peligro del Desierto

¿Crees que tres hombres solos, cargados de oro, incienso, mirra y otros tesoros podrían cruzar cientos de kilómetros de desierto sin ser asaltados?

En tiempos bíblicos, nadie viajaba solo por el desierto, especialmente si llevaba riquezas. La gente se agrupaba en caravanas para protegerse mutuamente de ladrones y bandidos.

Génesis 37:25 nos da un ejemplo perfecto:

«Y se sentaron a comer pan; y alzando los ojos miraron, y he aquí una compañía de ismaelitas que venía de Galaad, y sus camellos traían aromas, bálsamo y mirra, e iban a llevarlo a Egipto.»

¿Ves? Una compañía, no tres personas. Así es como se viajaba en esos tiempos.

Piénsalo de esta manera: si hoy tres personas decidieran caminar desde el sur de México DF hasta el norte, atravesando toda la ciudad, cargando joyas, relojes de oro, laptops y celulares, sin protección alguna… ¿crees que llegarían sanos y salvos? Por supuesto que no.

Pero si esas mismas tres personas viajan en un convoy blindado, rodeadas de seguridad, con vehículos escolta… ahí sí tienen posibilidades.

Lo mismo aplica para los sabios del oriente. Tres personas jamás habrían sobrevivido ese viaje. Pero una caravana de cientos de personas, eso sí tiene sentido.

Herodes Se Turbó… y Toda Jerusalén

Hay otro detalle revelador en el texto bíblico. Mateo 2:3 dice:

«Oyendo esto, el rey Herodes se turbó, y toda Jerusalén con él

Piensa en esto. Si tres personas insignificantes llegan a Jerusalén preguntando por un rey recién nacido, ¿crees que toda la ciudad se va a conmocionar?

¿Crees que el poderoso rey Herodes, un hombre despiadado que mandó matar incluso a su propia familia, se va a «turbar» por tres visitantes?

Claro que no.

Pero imagina esto: una caravana masiva de camellos entra a Jerusalén. Cientos de sabios con vestimentas exóticas, una procesión impresionante que atraviesa las calles de la ciudad. Todos salen a ver. Es un evento sin precedentes.

Eso sí turbaría a Herodes. Eso sí conmocionaría a toda Jerusalén.

Es como si hoy llegara a tu ciudad un desfile de 300 elefantes y 500 leones. Toda la ciudad saldría a las calles a verlo, ¿verdad? Los medios lo cubrirían. Sería noticia nacional.

Tres camellos no causan ese impacto. Una multitud de camellos, sí.

Tercera Gran Mentira: Eran Reyes

¿En qué parte de Mateo 2 dice que eran reyes?

Búscalo. Lee el capítulo completo. No lo encontrarás, porque no lo dice.

La Biblia los llama «magos». Y aquí hay otro problema de traducción que debemos aclarar.

No Eran «Magos» Como Pensamos

Cuando escuchamos la palabra «magos», pensamos en personas que hacen trucos de magia, ilusionistas. Pero esa no es la palabra correcta.

El término original se refiere a sabios, estudiosos, hombres de ciencia y espiritualidad. Eran astrónomos (no astrólogos, que son muy diferentes).

Eran personas cultas, instruidas, probablemente sacerdotes de otras tierras que estudiaban las estrellas y las profecías.

Ellos no eran reyes. No gobernaban ningún territorio. Eran hombres sabios que, por revelación divina, supieron que el verdadero Rey había nacido y decidieron ir a adorarlo.

Las 7 mentiras de la Navidad los han convertido en reyes con coronas doradas, pero eso es pura fantasía.

Cuarta Gran Mentira: Estuvieron en el Pesebre

Esta es quizás la mentira más visual y arraigada de todas.

Cada año, millones de familias arman sus nacimientos navideños con las mismas figuras: José, María, el niño Jesús en el pesebre, los pastores, los animales… y los tres reyes magos.

Pero aquí está el problema: los sabios del oriente nunca estuvieron en el pesebre.

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Lee cuidadosamente Mateo 2:11:

«Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron.»

¿Viste eso? En la casa. No en un pesebre. No en una cueva. No en un establo. En su posada.

Para cuando los sabios llegaron, Jesús ya no era un recién nacido acostado en un pesebre. Era un niño pequeño viviendo en una casa con María y José.

Los que estuvieron en el pesebre la noche del nacimiento fueron los pastores (Lucas 2:8-20). Ellos sí llegaron inmediatamente después de que naciera Jesús, guiados por el anuncio angelical.

Pero los sabios del oriente llegaron mucho, mucho después.

Quinta Gran Mentira: Llegaron la Noche del Nacimiento

Esto es crucial para entender las 7 mentiras de la Navidad relacionadas con los reyes magos.

Los sabios no llegaron días ni semanas después del nacimiento de Jesús. Llegaron entre uno y dos años después.

¿Cómo lo sabemos? Por las acciones de Herodes.

Cuando los sabios no regresaron a informarle dónde estaba el niño (Dios les advirtió en sueños que no lo hicieran), Herodes se enfureció. Y mira lo que hizo:

«Herodes entonces, cuando se vio burlado por los magos, se enojó mucho, y mandó matar a todos los niños menores de dos años que había en Belén y en todos sus alrededores, conforme al tiempo que había inquirido de los magos.» (Mateo 2:16)

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¿Por qué mandó matar a niños menores de dos años? Porque ese era el tiempo aproximado desde que los sabios vieron la estrella por primera vez.

Si Jesús hubiera sido un recién nacido cuando llegaron los sabios, Herodes habría mandado matar solo a bebés de días o semanas.

Pero no. Mandó matar a todos los menores de dos años para asegurarse de eliminar al «nuevo rey».

Esto confirma que pasó un tiempo considerable entre el nacimiento de Jesús y la llegada de los sabios.

La Prueba de las Tórtolas

Hay otra evidencia bíblica que lo confirma. Lucas 2:21-24 nos cuenta que ocho días después del nacimiento de Jesús, José y María lo llevaron al templo para presentarlo al Señor. Y dice:

«Y para ofrecer conforme a lo que se dice en la ley del Señor: Un par de tórtolas, o dos palominos.»

Si lees Levítico 12:6-8, verás que esta era la ofrenda de personas pobres, de escasos recursos económicos.

Las familias con dinero ofrecían un cordero, pero para los pobres, Dios permitía ofrecer dos tórtolas o dos palominos.

José y María eran pobres. Por eso ofrecieron lo mínimo permitido por la ley.

Ahora, si los sabios hubieran llegado antes de este momento con un cargamento de tesoros —oro, incienso, mirra y más riquezas— ¿crees que José y María seguirían siendo tan pobres como para ofrecer solo dos tórtolas?

Claro que no. Si ya hubieran recibido todos esos tesoros, habrían ofrecido algo mejor.

Esto prueba que los sabios llegaron después, probablemente más de un año después del nacimiento.

La Verdadera Historia: Una Cronología Correcta

Déjame reconstruir la historia real basándome en lo que dice la Biblia:

Noche del nacimiento:

Jesús nace en Belén. Los ángeles anuncian su nacimiento a los pastores, quienes van inmediatamente al pesebre y encuentran a María, José y al bebé. No hay sabios del oriente. No hay estrella sobre el pesebre.

Ocho días después:

Jesús es circuncidado y presentado en el templo. José y María ofrecen dos tórtolas, la ofrenda de los pobres.

Varios meses o más de un año después:

Los sabios del oriente, habiendo visto la estrella y recibido revelación divina, emprenden su largo viaje. Una caravana masiva cruza el desierto.

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Llegada a Jerusalén:

La caravana entra a Jerusalén causando conmoción. Herodes se turba. Toda la ciudad habla de ello. Los sabios preguntan por el rey de los judíos que ha nacido.

Audiencia con Herodes:

Herodes, alarmado, les da audiencia. Les pregunta sobre la estrella y los envía a Belén a buscar al niño.

Llegada a Belén:

Los sabios llegan de noche (porque la estrella es visible). Encuentran a Jesús no en un pesebre, sino en una casa. Jesús ya es un niño pequeño, no un recién nacido. María está presente. José no se menciona en ese momento (posiblemente estaba trabajando o ausente por otra razón).

Los sabios de oriente (NO REYES MAGOS) adoran a Jesús en presencia de María
Los sabios de oriente (NO REYES MAGOS) adoran a Jesús en presencia de María | Img: Imagen generada con IA (FlexClip)

La adoración:

Los sabios se postran, adoran al niño y abren sus tesoros. Le presentan oro, incienso, mirra y otros presentes. Es un momento solemne y majestuoso.

La advertencia divina:

Dios les advierte en sueños que no regresen a Herodes. Toman otro camino de regreso.

La huida a Egipto:

Un ángel advierte a José. La familia huye a Egipto usando las riquezas que los sabios dejaron. Estas provisiones les permitirán vivir cómodamente en Egipto durante los años que permanezcan allí.

La masacre de los inocentes:

Herodes, furioso por haber sido burlado, ordena matar a todos los niños menores de dos años en Belén y sus alrededores.

Esa es la historia real. Muy diferente a la que vemos en los nacimientos navideños, ¿verdad?

¿Por Qué Importa Conocer la Verdad?

Quizás estés pensando: «Está bien, la tradición ha añadido detalles que no están en la Biblia. Pero, ¿Qué tiene de malo? Es solo para hacer la historia más bonita para los niños.»

Déjame explicarte por qué sí importa, y mucho.

Primero: La Verdad Siempre Importa

Si creemos que la Biblia es la Palabra de Dios, entonces deberíamos ser celosos de lo que dice y de lo que no dice. Añadir cosas que Dios nunca dijo es peligroso.

Deuteronomio 4:2 advierte:

«No añadiréis a la palabra que yo os mando, ni disminuiréis de ella.»

Cuando enseñamos a los niños que los reyes magos se llamaban Melchor, Gaspar y Baltazar, estamos añadiendo a la Palabra de Dios. Estamos enseñando como verdad bíblica algo que nunca estuvo en la Biblia.

Segundo: Confunde el Verdadero Mensaje

Las 7 mentiras de la Navidad nos distraen del verdadero mensaje del evangelio.

El enfoque de los sabios del oriente no estaba en traer regalos materiales. Estaba en adorar al verdadero Rey.

Ellos hicieron un viaje largo, peligroso y costoso no para dar regalos, sino para postrarse ante Jesús y reconocerlo como el Rey de reyes.

Pero nosotros hemos convertido esta historia en una excusa para el consumismo. «Los reyes magos trajeron regalos, así que nosotros también debemos dar y recibir regalos.»

Ese no era el punto.

Tercero: Le Mentimos a Nuestros Hijos

Esto es serio. Le decimos a nuestros hijos que los «reyes magos» vendrán a traerles regalos el 6 de enero si se portan bien. Les enseñamos a dejar sus zapatos para recibir obsequios.

Y cuando crecen y descubren que todo era mentira, ¿Qué más de lo que les enseñamos sobre la fe creerán que es mentira también?

La Biblia es clara sobre no hacer tropezar a los pequeños. Mateo 18:6 dice:

«Y cualquiera que haga tropezar a alguno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno, y que se le hundiese en lo profundo del mar.»

Cuando le mentimos a los niños sobre estas tradiciones, les estamos enseñando que está bien mezclar la verdad con la mentira. Que está bien seguir costumbres sin fundamento bíblico. Que la tradición es más importante que la Palabra de Dios.

Eso es hacerlos tropezar.

El Verdadero Propósito de los Tesoros

Hay algo hermoso en la historia real de los sabios que a menudo pasamos por alto.

Dios tenía un propósito específico para esos tesoros. No era solo un detalle bonito de la historia. Esas riquezas sirvieron para que José, María y Jesús pudieran huir a Egipto y vivir allí durante años.

Imagínate: eran una familia pobre, de escasos recursos. ¿Cómo habrían sobrevivido en Egipto, un país extranjero, durante tanto tiempo?

Pero Dios, en su perfecta provisión, envió a esos sabios del oriente con tesoros suficientes para sostener a la familia durante su exilio.

Eso es lo que deberíamos estar enseñando. No una historia fantasiosa de tres reyes con nombres inventados, sino la increíble providencia de Dios que usa a personas de tierras lejanas para proveer exactamente lo que su pueblo necesita en el momento preciso.

¿Qué Hacemos Con Esta Información?

Ahora que conoces la verdad sobre las 7 mentiras de la Navidad relacionadas con los reyes magos, ¿qué haces?

No te estoy diciendo que salgas a pelear con tu familia o a juzgar a todos los que celebran el 6 de enero. Pero sí te invito a reflexionar seriamente:

¿Vas a seguir perpetuando mentiras o vas a enseñar la verdad?

Si tienes hijos, este es el momento de tomar una decisión. ¿Les vas a enseñar la historia como realmente ocurrió según la Biblia, o les vas a contar la versión de fantasía que todos conocen?

¿Vas a dejar que aprendan de la Palabra de Dios, o vas a priorizar las tradiciones humanas?

La decisión es tuya. Dios no te obliga. Pero ahora ya no puedes decir que no sabías.

El Único Regalo Que Jesús Quiere

Piénsalo bien. Si diciembre es supuestamente para celebrar el cumpleaños de Jesús (aunque ni siquiera nació en diciembre), ¿no es absurdo que todos nosotros nos demos regalos unos a otros y a Jesús no le demos nada?

Si es tu cumpleaños y todos los invitados se intercambian regalos entre ellos pero nadie te da nada a ti, ¿cómo te sentirías?

Los sabios del oriente entendieron algo que nosotros hemos olvidado: cuando llegas ante el Rey, no llegas con las manos vacías.

Ellos no fueron a recibir. Fueron a dar. Fueron a adorar.

Y el único regalo que Jesús realmente quiere de ti no es oro, ni incienso, ni mirra. Es tu corazón.

Él quiere tu entrega total, tu obediencia, tu adoración sincera. No quiere que lo reduzcas a una figura de cerámica en un nacimiento navideño. Él quiere una relación viva contigo.

Conclusión

Las 7 mentiras de la Navidad relacionadas con los tres reyes magos son profundas y están completamente arraigadas en nuestra cultura.

Nos han enseñado que eran tres, que se llamaban Melchor, Gaspar y Baltazar, que eran reyes, que llegaron al pesebre la noche del nacimiento, que vinieron en tres camellos.

Todo eso es falso.

La verdad bíblica es muy diferente y, en mi opinión, mucho más impresionante: Eran sabios (no magos ni reyes), probablemente cientos de ellos, que formaron una caravana masiva y cruzaron el desierto siguiendo una revelación divina.

Llegaron más de un año después del nacimiento, no al pesebre sino a una casa, y trajeron un cargamento de tesoros que Dios usaría para proveer para la familia durante su exilio en Egipto.

Esa es la historia real. Una historia de providencia divina, de obediencia radical, de adoración sincera.

No necesitamos añadirle fantasías. No necesitamos inventar nombres ni crear tradiciones que Dios nunca ordenó.

La verdad de la Palabra de Dios es suficiente. Es poderosa. Es transformadora.

Y conocer la verdad, como dijo Jesús, nos hace libres.

Este diciembre, te desafío a algo radical: deja de perpetuar las mentiras. Enséñale a tu familia lo que realmente dice la Biblia. Deja que la Palabra de Dios, no las tradiciones humanas, guíe tu celebración y tu adoración.

Porque al final del día, no se trata de defender costumbres. Se trata de honrar a Dios con la verdad.

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Preguntas Frecuentes

1. ¿Los nombres Melchor, Gaspar y Baltazar aparecen en la Biblia?

No. Estos nombres no aparecen en ninguna parte de la Biblia. Son producto de la tradición eclesiástica medieval que se desarrolló siglos después de los eventos narrados en los evangelios.

Mateo 2:1-12, el único pasaje que menciona a estos visitantes, nunca proporciona sus nombres. Enseñar estos nombres como verdad bíblica es añadir información que Dios nunca reveló.

2. ¿Cuántos sabios del oriente vinieron realmente a ver a Jesús?

La Biblia no especifica un número exacto. Solo dice «unos magos» (Mateo 2:1). Sin embargo, evidencia bíblica como Isaías 60:6 que profetiza «multitud de camellos te cubrirá» y el hecho de que «toda Jerusalén» se turbó con Herodes (Mateo 2:3) sugiere que era una caravana masiva, posiblemente de cientos de personas. Tres hombres solos con tesoros jamás habrían sobrevivido el peligroso viaje por el desierto.

3. ¿Por qué Herodes mandó matar a niños menores de dos años?

Porque ese era aproximadamente el tiempo transcurrido desde que los sabios vieron la estrella por primera vez. Mateo 2:16 dice que Herodes actuó «conforme al tiempo que había inquirido de los magos».

Si Jesús hubiera sido un recién nacido cuando llegaron los sabios, Herodes solo habría matado a bebés de días.

El hecho de que matara a todos los menores de dos años confirma que pasó más de un año entre el nacimiento de Jesús y la llegada de los sabios.

4. ¿Los sabios del oriente estuvieron presentes en el pesebre?

No. La Biblia es clara en Mateo 2:11 que los sabios entraron «en la casa» (no en un pesebre) y vieron «al niño» (no a un recién nacido).

Los que estuvieron en el pesebre la noche del nacimiento fueron los pastores (Lucas 2:8-20). Los sabios llegaron mucho después, cuando la familia ya vivía en una casa en Belén.

Por lo tanto, colocar figuras de los «reyes magos» en los nacimientos navideños es históricamente y bíblicamente incorrecto.

5. ¿Por qué es importante corregir estas mentiras sobre los reyes magos?

Por tres razones fundamentales: (1) La verdad de la Palabra de Dios debe ser nuestra prioridad, y añadir información que Dios no dio es peligroso (Deuteronomio 4:2). (2) Estas mentiras distorsionan el verdadero mensaje del evangelio y convierten una historia de adoración sincera en una excusa para el consumismo. (3) Le mentimos a nuestros hijos, y cuando descubren la verdad, pueden cuestionar otras enseñanzas cristianas. Si realmente amamos a Dios y su Palabra, debemos enseñar lo que realmente dice la Biblia, no tradiciones humanas.

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